23.7.15

Conversar en secreto



                      
 al viejo

Me despierto
al  llamado de su mano en mi hombro
salto de la cama
mis hermanos y primos duermen.
Me cambio con destreza y bajo la escalera
llena de electricidad
por ser cómplice de un secreto.
El olor de las tostadas con café con leche
inaugura la ceremonia.
No  alcanzo a entender  de qué se trata la misión
pero hay algo en sus ojos.
Desayunamos en silencio
de fondo la radio bajita, para no despertar.
El sol ya entra con fuerza por el vidrio
amarillo, esmerilado que da al jardín
me desperezo para esquivar el sueño
que me da ver  las partículas suspendidas a trasluz.  

Encaramos la fuga
es una mañana azul, brillante y ventosa  
la vereda de lajas va en pendiente
paramos en el puesto de diarios
él agarra los diarios de siempre
yo elijo una revista de comics.

Atravesamos  el parque en diagonal
para acortar camino
los dos estamos ansiosos
cruzamos la rambla atentos
a la velocidad de los autos
Y ya estamos pisando el suelo blando
me saco  las sandalias de goma
hago  contacto con la arena tibia, amable
mis pies  se hunden y avanzan con dificultad
no sé si me demoro por  placer o  asombro.
Seguimos avanzando hasta  que la arena
se hace plana y fresca
descubro el olor a mar y a todo ese mundo
que guarda debajo
dos gaviotas vuelan de cerca
me aturdo  un instante
la orilla y el  mar
el mar, que da lengüetazos de espuma cada tanto
mostrando una de sus gracias
quiero sentirlo
corro atrás de su vaivén para saber algo más
entro con cuidado y las olas envuelven mis rodillas
hasta ahí llega mi valentía y mis bermudas
miro a la orilla para tantear al viejo
que sonríe mientras me guarda en una foto.
Desde el mar se ve todo en otra escala
hasta el viejo se ve inofensivo
 parado ahí solo
entonces corro a abrazarlo bien fuerte.

Ese día hablé poco
para que no se escapara nuestro secreto
y seguir conversando con el mar.
                                                                                                                    

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