A mi hermana
Era mi primer asalto y su primera cita
la canceló por hacernos una trenza cocida
a cada una de mis amigas.
Sus primeros regalos fueron
una colonia y una caja musical
un pez amarillo y rojo
que cuando le das cuerda mueve la cola y rebolea los ojos
todavía cuelga en mi casa.
Me llevaba a la plaza casi todas las siestas del fin de semana.
Una vez me trajo a upa unas 10 cuadras
porque una hamaca me había volado mi paleta de leche
ni bien me dejo en manos de la vieja, se desmayó.
Compartimos el cuarto hasta que se fue a vivir con el novio
tardé en acostumbrarme a un espacio solo para mí.
Cuando llegaba y yo dormía
le gustaba saludarme con un beso
y preguntarme cómo me había ido
yo me sentaba en la cama y le hablaba dormida
al otro día le divertía contarme
las cosas sin sentido que había escuchado
y yo ni enterada.
A los 11 me llevó a mi primer recital
no me olvido del sonido de tanta gente
y el juego de luces de los encendedores .
Cada vez que teníamos un examen
nos escribíamos suerte en el dedo índice derecho
la descubrí con su cábala antes de rendir en el secundario
y para que no se cortara su efecto,
decidió compartirla conmigo.
Cada cumpleaños hace mi torta preferida de nuez.
Si estoy mal la puedo llamar
y me cuenta cosas hasta que se me pasa
Anda más temprano y más despacio, me dijo un día.