29.7.15

Desde que nací




A mi hermana
Era mi primer asalto y su primera cita
la canceló por hacernos una trenza cocida
a cada una de mis amigas.

Sus primeros regalos  fueron
una colonia y una caja musical
un pez amarillo y rojo
que cuando le das cuerda mueve la cola y rebolea  los ojos
todavía cuelga en mi casa.
Me llevaba a la plaza casi todas las siestas del fin de semana.
Una vez me trajo a upa unas 10 cuadras
porque  una  hamaca me había volado mi paleta de leche
ni bien me dejo en manos de la vieja, se desmayó.
Compartimos el cuarto hasta que se fue a vivir con el novio
tardé en acostumbrarme a un espacio solo para mí.
Cuando  llegaba y yo dormía
le gustaba saludarme con un beso
y preguntarme cómo me había ido
yo me sentaba en la cama y le hablaba  dormida
al otro día le divertía contarme
 las cosas sin sentido que había escuchado
 y yo ni enterada.
A los 11 me llevó a mi primer recital
no me olvido del sonido de tanta gente
y el juego de luces de los encendedores .
Cada vez que teníamos un examen
nos  escribíamos suerte en el dedo índice derecho
la descubrí con su cábala antes de rendir en el secundario
y para que no se cortara su efecto,
decidió compartirla conmigo.  
Cada cumpleaños hace mi torta preferida de nuez.
Si estoy mal la puedo llamar
y me cuenta  cosas hasta que se me pasa
Anda más temprano y más despacio, me dijo un día.
                            

23.7.15

Conversar en secreto



                      
 al viejo

Me despierto
al  llamado de su mano en mi hombro
salto de la cama
mis hermanos y primos duermen.
Me cambio con destreza y bajo la escalera
llena de electricidad
por ser cómplice de un secreto.
El olor de las tostadas con café con leche
inaugura la ceremonia.
No  alcanzo a entender  de qué se trata la misión
pero hay algo en sus ojos.
Desayunamos en silencio
de fondo la radio bajita, para no despertar.
El sol ya entra con fuerza por el vidrio
amarillo, esmerilado que da al jardín
me desperezo para esquivar el sueño
que me da ver  las partículas suspendidas a trasluz.  

Encaramos la fuga
es una mañana azul, brillante y ventosa  
la vereda de lajas va en pendiente
paramos en el puesto de diarios
él agarra los diarios de siempre
yo elijo una revista de comics.

Atravesamos  el parque en diagonal
para acortar camino
los dos estamos ansiosos
cruzamos la rambla atentos
a la velocidad de los autos
Y ya estamos pisando el suelo blando
me saco  las sandalias de goma
hago  contacto con la arena tibia, amable
mis pies  se hunden y avanzan con dificultad
no sé si me demoro por  placer o  asombro.
Seguimos avanzando hasta  que la arena
se hace plana y fresca
descubro el olor a mar y a todo ese mundo
que guarda debajo
dos gaviotas vuelan de cerca
me aturdo  un instante
la orilla y el  mar
el mar, que da lengüetazos de espuma cada tanto
mostrando una de sus gracias
quiero sentirlo
corro atrás de su vaivén para saber algo más
entro con cuidado y las olas envuelven mis rodillas
hasta ahí llega mi valentía y mis bermudas
miro a la orilla para tantear al viejo
que sonríe mientras me guarda en una foto.
Desde el mar se ve todo en otra escala
hasta el viejo se ve inofensivo
 parado ahí solo
entonces corro a abrazarlo bien fuerte.

Ese día hablé poco
para que no se escapara nuestro secreto
y seguir conversando con el mar.
                                                                                                                    

7.6.15

Camuflaje



Me senté afuera
con  la mirada en otro lado
tome  distancia   
indefensa
a la vista del resto.

De fondo
el goteo de la canilla del patio
a medio cerrar
al compas 
de un cielo ya vencido
escuché suspendida 
la respiración bajo el agua
 interrumpiendo
de reojo la casa.

Sara sentada al borde del baño
espera atenta esos bichitos color peltre
de cola larga y bigotes de atena
que andan  rápido casi reptando
se comen las hojas de los libros
a ella le gusta verlos aparecer..


3.4.13

Bendición de la noche






Al viejo

Pude ver como la luz
nos llevó tierra adentro
así nuestro acuerdo fue sellado
en la noche.

La habitación perdía calor
como un río silencioso y ágil
eco de la luna más alta. 

Tomabas distancia a paso de caracol
resignado a la ley de gravedad
yo asentía
suspendida en caída libre
callada te miraba entrar
dentro del paisaje
de donde no se vuelve.

Las horas vaciaron la 208
el sonido automático del ascensor 
el pasillo inundado de hiel
el vapor metálico de la cena, sin probar
hasta tus ganas de quedarte.